martes, 20 de noviembre de 2018

El Placer De Conocer Tu Hogar


Me encontraba subiendo la Avenida Jiménez desde la décima buscando la Carrera séptima, específicamente el lugar donde fue asesinado el señor Jorge Eliecer Gaitán un 9 de abril de 1948. Eran cerca de las 8:30 de la mañana, y el sol comenzaba a calentar aquella zona que aún no era muy concurrida de personas. Era la primera vez que transitaba por esta calle, razón por la cual comencé a acelerar el paso al darme cuenta de lo anterior. Sinceramente este lugar no me transmitía miedo, sus calles eran muy lindas e igualmente su arquitectura. Toda la cultura e historia que conserva el lugar lastimosamente se ve opacada por la delincuencia y las situaciones deplorables de la vida humana.

Cuando por fin llegué a la carrera séptima una iglesia llamó mi atención porque me pareció que era la iglesia de la cual hablamos en una clase donde detallamos que tenía características del arte gótico. No me fue difícil encontrar el lugar exacto donde Gaitán fue herido porque estaba justo al otro lado de la acera donde estaba la iglesia. Crucé la calle y en una pared al lado de lo que era una cafetería había varias placas, como si fueran lápidas de tumbas puestas una encima de otras. En una de ellas se encontraban las palabras: "AQUÍ CAYÓ JORGE ELlECER GAITÁN. CAUDILLO DEL PUEBLO", fue entonces cuando vinieron a mi mente los relatos que había leído con anterioridad y comencé a imaginarme al señor Alonso Garcés, personaje de la novela que había estado leyendo, el cual se encontraba justo al frente del edificio Agustín Nieto embolándose los zapatos antes de que la trágica muerte marcara la historia del país. Luego empecé a mirar los edificios altos que se encontraban cerca, me acordé también del periodista Sergio Casali quien estaba asomado en un balcón de un edificio y pudo ver con claridad los acontecimientos.


Salí de mi ensimismamiento recordando el lugar en que estaba y luego pose para una foto. Las personas que caminaban rápidamente voltearon a mirarme y pude notar en sus rostros la extrañeza de ver a una joven tomándose una foto frente a una pared. Como si desconocieran el personaje que aparece en el billete de mil pesos, y a la historia que viene con él. Además del hecho de que en la actualidad, muy seguramente, el país habría  tomado un curso diferente si Gaitán no hubiera muerto.







OTRO DÍA....


Bajaba desde la biblioteca Luis Ángel Arango hasta la Plaza de Bolívar con mis amigas del colegio. Hace mucho tiempo que no las veía y me alegraba poder pasar tiempo con ellas, aunque ciertamente sentía que algo en nuestra relación había cambiado, o simplemente las que habíamos cambiado a lo largo de este año éramos nosotras.

Había estado lloviendo, por tal razón no habíamos podido salir a buscar algo de almuerzo. Aún no tenía hambre así que les dije que nos quedáramos un rato en la plaza, y eso hicimos. Como era común, en el lugar se encontraban cientos de palomas que habían hecho del lugar su hogar ya que conseguían comida fácilmente. Queríamos alimentar a las palomas por lo que le compramos una bolsita de maíz que tenía una forma parecida a la del empaque de Bon lce. Fue no más tirar unas cuantas semillas al suelo y ya teníamos a nuestro alrededor muchas de las aves pidiendo comida.

Minuto a minuto la situación se fue poniendo más divertida, las aves se subían a mis brazos y utilizaban mi mano como plato. Se subieron tantas a mis brazos que mi mejor amiga Luzdey comentó: ''Isabel, eres la reina paloma" y entre risas y comentarios graciosos no nos dimos cuenta que había comenzado a lloviznar hasta que una persona abrió una gran sombrilla que hizo volar a todas las palomas al mismo tiempo y a nosotras, gritar por la impresión de muchas alas revoloteando alrededor nuestro. Cualquier persona ajena a nuestra diversión pensaría que estábamos locas. Un grupo de chicas alimentando y jugando con seres que probablemente transmitían serias enfermedades.
Nuestra alegría, diversión, el ambiente pacífico de ese momento contrastaba de una gran manera al día 9 de abril de 1948, en el mismo lugar, por los mismos suelos donde estábamos nosotras paradas, sangre de cuerpos inocentes fue derramada. El rencor y la ira eran los sentimientos que predominanban el lugar. Ajenas de los acontecimientos ocurridos en el pasado, se nos acabaron las semillas de maíz, después de tanto alboroto y gracias al frio que sentimos después, nos entró con más fuerza el hambre. Por lo que decidimos irnos caminando por la séptima en busca de algún restaurante para almorzar y llenar de felicidad a nuestros estómagos vacíos.


Forastero En La Inmensidad



FORASTERO

A esta hora de la mañana, el sol se hace presente cada vez más intenso a cada segundo gracias al constante movimiento de nubes que hay en el cielo. El viento frío característico de esta zona hace que las ramas de los árboles dancen en sintonía con el movimiento de mi cabello y que las hojas de papel traten de zafarse de mis manos. En general es un ambiente agradable. No hace demasiado calor ni demasiado frío. El poco ruido que hay es el sonido del viento, los pájaros, el murmullo y risas de la gente.     

En lo que llamamos “la montañita” se encuentran personas, animales y algunos establecimientos de comida. Los grupos que están en este lugar constan cada uno de alrededor de cinco o seis personas, algunos de ellos se les ve fumando o charlando sobre lo que ocurre a diario en sus vidas. Mientras tanto la fuerza del viento hace que el olor a marihuana llegue hasta mis narices causando como reacción una sensación incómoda ya que no estoy acostumbrado a recibir este tipo de aromas tan fuertes. Sentado en el pasto de este lugar observo poco movimiento, algunos estudiantes están pie y otros sentados en el borde de la montaña, el factor común de ellos es que entablan diferentes conversaciones, incluso se ríen o simplemente comentan algo. Uno de los combos que está cerca de unas motos estacionadas, juegan a pasarse de uno a otro una pelota pequeña sin dejarla caer al suelo, pero ¿por qué están ahí? ¿por qué no se divierten en otro espacio? Porque las características del suelo les permiten realizar esa actividad, aparte también utilizan esto para distraerse un poco entre clase y clase o sencillamente para pasar el tiempo mientras sale algún compañero.

El sonido de los buses y vehículos que suben y bajan comienza a molestarme, por lo que decido darle a mi mente algo de distracción. De repente comienzo a identificar grupos de personas, casi todos visten con ropa negra o de colores brillantes, jeans a la moda y de marca, uno que otro destaca por su peinado ya que en ellos se ve un intento de tener individualidad. En caso contrarios hay un grupo de chicas que están uniformadas, son de aerolíneas. Llevan su cabello recogido y sus uniformes perfectamente alisados, éstos constan de una falda medio larga pegada al cuerpo, una camisa azul claro y una chaqueta del mismo color de la falda, un azul oscuro e intenso como las profundidades del océano. También noto otro grupo, era la gente que estudia diseño, casi todos llevan lo mismo: una chaqueta de cuero o un saco unitono pegado al cuerpo, jeans y tenis casi todos blancos.

Un chico en particular llama mi atención, y no porque viste diferente. Está vestido con una camisa normal naranja y jeans ajustados al cuerpo, en su rostro lleva puestas unas gafas para el sol que, junto con su peinado moderno, le hacen parecer un galán de primera. Lo divertido de la situación es que obviamente quiere caerle a una chica; con su pose de “todas mías” y un cigarro en su mano le habla, o al menos intenta hacerlo, a una chica de cabello oscuro que está al frente de él. Sin embargo, ésta no parece dar señales de estar interesada en este sujeto, porque siempre evita mirarlo a los ojos y seguirle la conversación.

 Y entonces me comienzo a sentir como un extranjero en este lugar. La mosca en la leche. como un invasor que no cumple los requisitos para determinado establecimiento. Estoy aquí, sentado, solo viendo cómo los demás tratan de buscar interacción social. Y pienso en ella, me dijo que bajaría apenas terminara la clase, pero ya han pasado más de cuarenta minutos y aún no responde mis mensajes. Ya es hora de darme por vencido. Me levanto, quito los restos de pasto que hayan quedado en mi pantalón y dispongo mi marcha para continuar con mi siguiente clase.

Un Lugar En La Inmensidad


Estoy ubicada en “la montañita”, lugar conocido de la Universidad por ser el preferido de los estudiantes  para pasar el rato con su grupo de amigos.

 A esta hora de la mañana, el sol se hace presente a cada segundo cambiando su intensidad gracias al constante movimiento de las nubes. Además, el viento frio característico de estos lares hace que las ramas de los árboles  dancen con armonía, acompañadas por el movimiento de mi pelo y las hojas de papel que tengo en la mano. El viento además me ayuda a adivinar que están fumando las personas: marihuana o un cigarro cualquiera.

En general es un ambiente agradable, no hace ni mucho calor, ni mucho frio. El poco ruido que hay es el sonido del viento, de los pájaros, los murmullos y risas de la gente, y algún que otro vehículo comenzando su descenso.

Aquí hay diferentes tipos de grupos,  en donde el patrón suele ser que están reunidos entre seis a nueve personas. Por un lado, hay un grupo que se caracteriza por ser los “urban boys”, un grupo de chicos con pintas casuales, camiseta negra estampada con algún diseño y jeans sueltos, algunos portan una gorra. Parecen ser divertidos por que en lugar de estar sentados como los otros, ellos se encuentran reunidos jugando con una pequeña pelota.

El resto de grupos están sentados charlando probablemente sobre una materia o contando el último chisme. Unos son más bullosos que otros, pero en general son chicos a los que se les nota que le dan importancia a su apariencia. 

Un chico en particular llama mi atención. Está vestido con una camisa naranja y jean ajustado al cuerpo. Sobre su rostro lleva unas gafas para el sol que, junto con su peinado, le dan un aspecto de galán. Está fumando y tratando de conquistar a la chica que está sentada justo frente a él, pero al parecer esta no tiene el más mínimo interés en el sujeto porque no le presta atención. Quizá si se quitara los audífonos sería más elocuente su comunicación caporal si quiere que la chica le responda de la misma manera.